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¡No Hundan el Huáscar!

Ante la posibilidad de devolver el monitor Huáscar al Perú, planteada por el Ministro de Defensa chileno, Jaime Ravinet ha removido una vez más las conciencias de peruanos y chilenos. Para el Perú el Huáscar, anclado en Talcahuano, es un trofeo de guerra que se exhibe con gran tristeza como símbolo de haber perdido una guerra cruenta que generó un gran “trauma” nacional del cual aún no nos recuperamos. Para Chile, sea un trofeo o un museo, representa una nave capturada al Perú durante la Guerra del Pacífico que siguió combatiendo con bandera chilena, pero por sobretodo es el navío sobre cuya cubierta perdió la vida su héroe máximo Arturo Prat.

Qué puede implicar devolver esta nave al Perú para chilenos y peruanos? Hice una rápida encuesta entre mis alumnos de pregrado y posgrado en la universidad y las respuestas fueron variopintas. Una mayoría reconoció que el tema no les importa sobremanera pero miran con mucha sospecha semejante ofrecimiento y sugieren que “hay gato encerrado”, seguro el ánimo del gobierno chileno de congraciarse para obtener algún rédito económico o suavizar la posición peruana en el arbitraje ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya para delimitar la frontera marítima entre nuestros países. Una clara muestra de profunda desconfianza hacia Chile.

Otros piensan que sería un gran gesto pero que la devolución del Huáscar debería llevar paralelamente la devolución de aquello que nos han quitado, desde todos los libros de la Biblioteca Nacional hasta el territorio de Tarapacá.

Los políticos peruanos se han manifestado en diversos sentidos. El actual Primer Vicepresidente del Perú Luis Guianpietri ha dicho que su lugar debería ser el fondo del mar ya que ese fue el deseo de Miguel Grau, nuestro héroe nacional máximo que se inmoló en Punta Angamos al mando del navío, y de esa manera se ayudaría a eliminar las posibles discrepancias entre ambos países y le daría una tumba común en donde Grau y Prat murieron. Eso sí, no sabe en qué lugar del mar se haría el hundimiento, “el mar es el mar” replicó. Ver noticia en Perú21.

Ollanta Humala, líder nacionalista peruano, ha dicho que lo que deberíamos hacer el Perú es reflotar los dos navíos chilenos hundidos frente a costas peruanas durante la guerra ―uno de ellos La Covadonga―para posteriormente ser intercambiados con el Huáscar. Ver noticia en El Comercio.

Lo cierto es que el monitor Huáscar despierta aún muchos sentimientos en ambos lados de la frontera. Destruirlo o hundirlo suena a la solución “ni para ti ni para mi” con lo que perderemos ambos. Reflotar navíos chilenos hundidos que seguramente implicarían grandes costos y generarían mayores sentimientos de chauvinismo ―si es que efectivamente se encuentran en buenas condiciones para su reflotamiento luego de más de 100 años en el mar― no tienen mucho sentido el día de hoy.

Podría el Huáscar convertirse en un medio para transformar constructivamente las relaciones entre ambos países? Si identificamos efectivamente lo que representa el navío para ambos países creo que deberíamos llegar a la conclusión que si hay algo en común es que para ambos pueblos nos importa tenerlo en la superficie del mar como vehículo de reconocimiento de nuestros héroes máximos. Si a eso le añadimos la promesa sincera de nunca utilizar las armas para zanjar nuestras diferencias y complementamos esta manifestación con formas creativas de cooperación binacional podríamos hacer de este navío un museo de paz e integración que tenga la misión de navegar de una costa a otra con el único ánimo de recibir el reconocimiento de peruanos y chilenos. Sería un símbolo de paz y del “nunca jamás la guerra” entre nuestros países. ¿No sería algo que hubieran querido sobremanera Grau y Prat, quienes tuvieron que cumplir con una misión a pesar de lo irracional de la guerra? NO hundamos al Huáscar como vehículo de construcción de una relación finalmente constructiva entre nuestros países.