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Aspectos a considerar en un proceso de diálogo

El escenario de conflictividad social en el país ha dado lugar a apuestas por el Diálogo como mecanismo para abordar los conflictos desde los grupos de interés, sectores de la sociedad y por parte de los actores directamente relacionados con los asuntos conflictivos. La instalación de “Mesas de Diálogo” como mecanismo para abordar el conflicto por parte del Gobierno se han constituido en la mayoría de casos en situaciones de crisis sin haber cimentado previamente las condiciones necesarias para llevar a cabo el proceso.

Se debe tener en cuenta que el Diálogo es un proceso que tiene componentes técnicos y políticos. Si nos ponemos estrictos en el concepto, un proceso de diálogo no es exactamente una negociación, ambos tienen naturaleza y objetivos distintos. Se dialoga para construir confianza entre las partes, para abrir espacio para que la información entre las partes fluya, todos la manejen en igualdad de condiciones, para sentar las bases del entendimiento del problema y la manera de abordarlo. En cambio, se negocia, en concreto, para llegar a acuerdos, ese el objetivo de cualquier negociación. Estas precisiones no son gratuitas, sirven mucho cuando, en las circunstancias que estamos viviendo (caso Conga) se nota improvisación o confusión. En la "Mesa de Diálogo" llevada a cabo en Cajamarca ¿se establecieron de antemano las reglas de juego del proceso? ¿Se discutieron temas sobre quiénes participaban, quiénes no y por qué? ¿La agenda estaba clara para todos? ¿La habían consensuado? ¿El formato -disposición de las partes en el espacio- era de diálogo horizontal? Muchas cosas quedan sin conocerse o entenderse. Algunas de las consecuencias de este tipo de improvisación o de confusión es que se banaliza el diálogo como mecanismo de entendimiento entre las partes y, como sucedió en Cajamarca, no se llega a nada, el proceso se frustra, las partes involucradas también y el conflicto continua.

Ante la impericia del Gobierno para llevar a cabo procesos de Diálogo que tengan agendas claras y acuerdo de las partes acerca del proceso, considero que se debería tener como referencia y aprender de las buenas prácticas existentes, porque como es obvio, no todos los proyectos mineros viven en zozobra, hay experiencias interesantes de procesos exitosos de diálogo, negociación y entendimiento entre empresas y sus entornos locales. Hay quienes han optado por establecer espacios/procesos de diálogo continuo en los que se procesan los temas que surgen del relacionamiento entre la comunidad y el proyecto minero; hay experiencias de negociaciones puntuales y agendadas en las que se discuten cada cierto tiempo la actualización o revisión de acuerdos sociales o convenios entre las comunidades y la empresa. Esas experiencias existen y deberían conocerse más. Se puede decir que hay empresas y comunidades "que la ven" y llegan a establecer vínculos constructivos en los que se procesan temas ambientales, sociales, comerciales con una visión de beneficio común, y dichos vínculos para nada están exentos de tensiones y conflictos que afloran, pero el mecanismo de diálogo y/o negociación está presente y sirve de canal para darles un cauce adecuado. No hay que aprender solamente de los fracasos, también los éxitos enseñan.

César Bedoya

Consultor asociado de ProDiálogo