Blog

Se encuentra usted aquí

De la angustia, a la esperanza y a la felicidad: rescate de mineros en Chile

A lo largo del día martes 12 por la noche y todo el día miércoles  13 de octubre tuve la suerte de ser expectador a distancia de un acontecimiento histórico: el rescate de mineros en su mayoría chilenos a más de 600 metros de profundidad de la entrañas de la mina San José, en el desierto chileno de Atacama. Cada vez que una persona era rescatada se desencadenaban múltiples emociones que tenían como denominador común lo conmovedor de los encuentros entre familiares y mineros rescatados.

Había en la superficie durante esas jornadas un clima de mucha solidaridad, trabajo en equipo, profesionalismo, compromiso por solucionar el problema, calidez humana y mucho liderazgo. Ver al Presidente de Chile, Sebastián Piñera, al costado de sus ministros, e incluso del Presidente de Bolivia, y del equipo de rescatistas, comprometido con lo acontecido, brindando el máximo apoyo, interactuando con los familiares de los afectados, realmente interesado en la vida y bienestar de los mineros y sus seres queridos era extraordinario. Evo Morales, Presidente de Bolivia, se dirigió a su par chileno diciendo que Bolivia nunca olvidará lo hecho por Chile para rescatar a su compatriota boliviano y reafirmando que hechos como estos los unen y refuerzan la confianza entre los dos países.

Resultaba impresionante ver la sintonía entre todos los equipos y las personas involucradas en esta labor. Mucho diálogo para coordinar las acciones, nadie irrogándose el mayor conocimiento ni la “verdad” para solucionar el problema. La actitud positiva era total, todo unidos decidieron por una misma línea, en verdad un principio rector: lo primero es  salvaguardar la vida y el bienestar de las personas. En hacer las cosas bien cuidando su integridad, su futuro, el de sus familias. 

Hubo otro momento tan significativo como aquel en el que se rescató al primer minero encerrado por casi 70 días en el subsuelo: cuando el último rescatista, Manuel Gonzalez,  emergió de las profundidades de la mina San José dando por concluidas las operaciones de rescate.

Preguntado por el Presidente Piñera sobre su último pensamiento mientras subía en la cápsula, Gonzalez respondió: “Que ojalá nunca más suceda esto, que ojalá nos sirva de experiencia, que las cosas en la minería sean diferentes. En Codelco donde yo laboro las cosas se hacen bien y espero que en la pequeña minería se elijan hacerlas bien. Esa es mi reflexión”.

A lo que Piñera replicó. “En unos días vamos a anunciar un nuevo trato en materia de seguridad, dignidad, protección de la vida y de la salud de las trabajadoras y los trabajadores chilenos no solo en la minería sino tenemos problemas en la agricultura, el transporte, la minería, la pesca y la industria.”  Esta desgracia que culminó con éxito viene acompañada de una transformación mayor por lo visto.

Aunque parezca incomprensible parece ser que requerimos de situaciones extremas para que los seremos humanos actuemos con un sentido tan solidario, lo mismo sucedió en nuestro país con los afectados por el terremoto que destruyó Pisco hace un par de años.

Ahora por un minuto cambiemos de escenario e imaginemos que esta cantidad de energía constructiva, de presencia comprometida del Estado, de trabajo en equipo, de sinergia, de solidaridad inacabable, de respeto y empatía  con el otro, de compromiso por preservar la seguridad, la dignidad, la protección de la vida y de la salud de las personas se reproduce con el mismo nivel de intensidad entre todos los involucrados en un proyecto extractivo: empresa, comunidad y Estado.