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El Diálogo Nacional entre Partidos Políticos: Oportunidad y Responsabilidad

Con mucha expectativa aquellos que creemos que el diálogo genuino tiene la cualidad de transformar constructivamente relaciones y propiciar cambios sustanciales, somos testigos de cómo el Gobierno Nacional desde fines de agosto  ha iniciado un ciclo de conversaciones por separado con las diferentes fuerzas políticas, para dar inicio a un proceso de diálogo político multiactor, a fin de fortalecer la gobernabilidad del país y administrar diversos temas de interés común.

 

La forma cómo inicialmente fue recibida esta iniciativa por las distintas agrupaciones políticas le imprimió un tinte propio a cómo cada una de ellas se ha perfilado para iniciar las primeras discusiones, con el Gobierno Nacional, quien a través del Presidente del Consejo de Ministros, ha asumido la gran responsabilidad de poner en práctica el diálogo, ya que desde el inicio de su gestión señaló que el suyo sería el gabinete del diálogo.

 

Nos interesa que el diálogo demuestre resultados, más aun cuando su mala utilización ha propiciado cierto grado de sospecha y dudas en torno a las bondades de este tipo de proceso. No olvidemos que el diálogo genuino ―ese que propicia cambios de fondo en las personas, en las relaciones con los demás, en la cultura y en las condiciones estructurales― requiere ante todo de voluntad de dialogar ―sin condiciones― y con el mejor deseo de escuchar, hablar respetuosamente y sintonizar con el otro por más que no se esté totalmente de acuerdo con puntos de vista diferentes. Esa profunda vocación a construir en conjunto, a pesar de las diferencias, es el mejor ingrediente para sentar las bases el diálogo genuino e impulsarlo.

 

Recordemos que el Acuerdo Nacional como parte de las políticas de estado, en el numeral 4 denominado Institucionalización del diálogo y la concertación, de la sección I sobre Democracia y Estado de Derecho, ha aprobado lo siguiente:

 

“Nos comprometemos a fomentar el diálogo y la concertación entre todas las organizaciones, tanto políticas como de la sociedad civil, en base a la tolerancia, la afirmación de las coincidencias y el respeto a las diferencias de identidad, garantizando las libertades de pensamiento y de propuesta.

 

Con este objetivo el Estado: (a) promoverá y consolidará una cultura de diálogo y concertación; (b) institucionalizará los canales y mecanismos de participación ciudadana que contribuyan al mejor ejercicio de las funciones ejecutivas y legislativas en los niveles nacional, regional y local; y (c) institucionalizará la concertación en los procesos de prospectiva nacional, formulación presupuestal y planeamiento estratégico”.

 

Esperamos que estos primeros pasos estén orientados a implementar esta política pública a favor del diálogo en el más alto nivel de la política, como metodología para empezar a sentar las bases de una visión a futuro de nuestro país y que se renuncie a la posibilidad de actuar bajo el esquema de cálculo político, que se hará evidente y no contribuirá a crear la confianza necesaria entre los actores involucrados, ni la que requiere la sociedad en su conjunto para revertir la distancia que existe con los partidos políticos.