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Análisis de conflictos desde el enfoque de la complejidad

Por Rodrigo Arce Rojas //

El análisis de conflictos es una herramienta fundamental para la gestión o transformación de un conflicto. En esencia, el análisis de un conflicto comprende el entendimiento de tres aspectos principales: problema, personas y proceso. Este análisis incluye los siguientes componentes básicos: el problema, el conflicto, la historia del conflicto, las partes o actores, el análisis de posiciones, los intereses y necesidades, el análisis de percepciones, emociones y actitudes en torno al conflicto identificado, la dinámica del conflicto y su eventual derivación a procesos de diálogo y negociación.

Una mirada de complejidad al análisis de conflictos nos ofrece la oportunidad de enriquecer la gestión y la transformación de conflictos. Para ello, partimos de la premisa que los conflictos pueden ser abordados desde la perspectiva de los Sistemas Adaptativos Complejos (Arce, 2016; Mínguez, 2013).

Lo primero que habría que señalar es que, desde la perspectiva de complejidad, el tratamiento del análisis corresponde a una visión reduccionista y fragmentaria de lograr el conocimiento. Sin dejar de reconocer que el tratamiento analítico del conocimiento ha tenido un éxito espectacular, —y sigue teniendo—, es necesario incorporar otra mirada desde el paradigma de la complejidad que plantea una mirada totalizadora, integradora, religante y de síntesis. Queda claro también, que la orientación totalizadora no refiere a un reduccionismo holístico, sino a la identificación de los procesos y elementos estratégicos que son los que explican la dinámica no-lineal del sistema. Es el reconocimiento explícito de la incompletud del conocimiento sistémico. Por ello, queda como reto desarrollar un entendimiento del conflicto desde la perspectiva de la síntesis como enfoque consustancial a la complejidad.

Una perspectiva de complejidad implica, por tanto, considerar la diversidad de participantes y la diversidad de dimensiones, escalas y tiempos. Como sistema complejo adaptativo, un conflicto da cuenta de las diferentes manifestaciones de la realidad traducidas en materia/masa, energía, información y sentido. Por ello, lo que está en juego alude a elementos tangibles e intangibles, que se ponen de manifiesto en las diferentes dimensiones sociales, culturales, institucionales, legales, psicológicas, lingüísticas, económicas y ambientales, entre otras. Dimensiones, además, que no están encajonadas, sino, que revelan estrechas e intrincadas interrelaciones que incluyen tanto al propio sistema, como al entorno. En esta dialogicidad intersistémica e intrasistémica, se verifican procesos de retroactividad y recursividad.

En el análisis de un conflicto resulta esencial identificar cuál es el problema. Aquí, habría que diferenciar si estamos frente a un problema simple, complicado o complejo. En este caso, lo complejo se refiere a un sistema conformado por un conjunto de elementos interrelacionados, interdependientes e interdefinibles que no son divisibles, reversibles, controlables y predecibles. Un problema que tiene estas características recibe la denominación de problema de frontera que es aquel que no puede abordarse desde la perspectiva de una única disciplina porque, por definición, forman tejidos imbricados que se manifiestan en mallas de sentido. Por tanto, es fundamental realizar una buena precisión de qué problema estamos hablando, porque ello es lo que le da el carácter al conflicto.

Aquí también, habría que señalar que el tratamiento de los conflictos desde una perspectiva de complejidad tiene una apuesta ética-política, por lo cual, es necesario identificar los problemas de manera consciente, sin involucrar objetivos políticos o económicos subalternos. Consecuentemente, es importante reconocer que el sujeto que analiza el conflicto realiza su trabajo a partir de su propio universo cognitivo, ideológico y simbólico. Por lo tanto, la objetividad queda relativizada. Es más, el analista del conflicto es, con frecuencia, parte del sistema que está analizando.
Del mismo modo, los actores se acercan al conflicto de diferentes formas. Algunos buscan resolver el problema coyuntural, sin poner en cuestionamiento las bases culturales, estructurales y epistemológicas los procesos, o elementos que lo sustentan, desde un enfoque de resolución de conflictos o manejo de crisis. Otros, en cambio, buscan entender el conflicto desde la perspectiva sistémica que incluye dimensiones personales, relacionales, culturales y estructurales, desde un enfoque de transformación de conflictos. En realidad, estos enfoques no son excluyentes, pero apagado el fuego, muchos no profundizan sobre los factores que han llevado a esa situación. En esta perspectiva, el enfoque de prevención queda subestimada. Tampoco hay cuestionamiento sobre los modelos civilizatorios, modelos económicos, ideas o discursos hegemónicos que son provocadores de conflictividad.

Aplicar el paradigma de la complejidad a la historia del conflicto, implica superar la práctica de sólo hacer una relatoría de la secuencia de hechos traducidas en una línea de tiempo. Desde la complejidad, el tiempo es un elemento central del entendimiento de los sistemas complejos adaptativos por lo que interesa el proceso, la dinámica no-lineal y el entendimiento del contexto. Mientras mayor sea el marco temporal, mejor será la comprensión del proceso histórico, aunque se entiende claramente que esto depende del tiempo y los recursos disponibles. Mientras más logre entender la medida y la forma en la que se han gestado las relaciones de cohesión o de tensiones actuales, tendremos mejores elementos para la comprensión del conflicto.

Convencionalmente, se hace una revisión de las partes que están en conflicto, diferenciándolos en actores primarios, secundarios y terceros. A mayor entendimiento del sistema complejo adaptativo que describe el conflicto, mejor podremos visibilizar la totalidad de actores. Una perspectiva aséptica, neutral puede estar obviando actores con un fuerte peso en el conflicto. La mirada amplia de los actores abarca a los actores formales e informales, incluyendo a personas específicas (hombres y mujeres) con liderazgo y poder discursivo, espiritual o simbólico. Desde la perspectiva de los sistemas adaptativos complejos interesa conocer y valorar la diversidad y la heterogeneidad, porque todos tienen que ver con la trama de relaciones.

El análisis de posiciones, intereses y necesidades nos ofrece la posibilidad de entender a los actores en conflicto en cuanto a la interrelación entre lo que dicen, lo que hacen y por qué lo hacen. El análisis de percepciones, emociones y actitudes, completa la comprensión de las personas como entes biopsicosociales que tienen paradigmas, pensamientos, sentimientos y emociones, que manifiestan de manera discursiva, narrativa, práctica, actitudinal y conductual. El uso de estas herramientas, como elementos básicos para el entendimiento de las personas, es de gran ayuda. Desde la mirada de la complejidad interesa explorar las totalidades, las interacciones y las emergencias (surgimientos), por lo tanto, es importante abordar la comunicación total, tanto desde lo perceptible, como el mundo inadvertido, es decir, en el campo de la metacomunicación y del metalenguaje. Del mismo modo, es importante desplegar qué marcos epistemológicos están en juego, así como qué paradigmas, qué creencias, qué ideologías, qué supuestos, qué marcos culturales de percepción están presentes. Ésta es una excelente oportunidad para que las personas sean vistas como tales, más allá del problema en cuestión.

El corazón del análisis del conflicto es el proceso o la dinámica no-lineal. Desde la perspectiva de la complejidad, es importante reconocer que al interior del sistema hay una dinámica no-lineal a partir de la cual es posible generar orden a partir del caos. Es posible pasar de la inestabilidad a la estabilidad, siempre desde el entendimiento de que los equilibrios son dinámicos, es decir, se verifican flujos de energía de construcción, deconstrucción y reconstrucción; flujos generativos, degenerativos y regenerativos. Según Mínguez (2013), la caoticidad es la respuesta al movimiento constante entre orden y desorden en el que se encuentran los sistemas, y es el fenómeno que nos ayuda a explicar el equilibrio de los sistemas complejos. Según Munné (2000) el caos presenta las siguientes características: a) la sensibilidad a las condiciones iniciales o sus variaciones b) la relación no-lineal entre las variables, c) el determinismo relacional, d) la inestabilidad y retroalimentación, y e) la auto-organización.

Más que regulares y determinísticos, los sistemas complejos se caracterizan por ser irregulares e inciertos. Entre otros fenómenos de la complejidad están presentes los azares, las aleatoriedades, los quiebres, las bifurcaciones, los cambios súbitos y las irrupciones. Los conflictos dan cuenta de una serie de propiedades de la complejidad, tales como la borrosidad, la fractalidad, la caoticidad, la sensibilidad de las condiciones iniciales, la relación no-lineal entre variables, la inestabilidad, la retroalimentación y la auto-organización, entre otros (Mínguez, 2013).

La capacidad de aprendizaje que tiene el sistema permite su adaptación y evolución, así como a la generación de atractores que contribuyen en el propósito de devolver la armonía social al proceso. Los conflictos forman parte de la sociedad, pues permiten que los sistemas enfrenten sus tensiones de cambio y transformación. No es posible eliminar los conflictos, pero existen medios que permiten procesarlos de manera creativa y constructiva.

Es así como el enfoque de complejidad puede enriquecer el marco del análisis de los conflictos. El reto consiste en desarrollar herramientas que permitan avanzar en esta dirección sin pretender anular la complejidad, sino, por el contrario, favorecer su entendimiento y comprensión.

12/13/2018

Referencias:
Arce, Rodrigo (19, Diciembre 2016). Transformación de conflictos en perspectiva de complejidad. [En línea]. (Blog de Prodiálogo). Recuperado de: http://prodialogo.org.pe/blog/ra_complejidad
Mínguez, X. (2013). Una perspectiva psicosocial del conflicto profundo desde la complejidad. Revista Iberoamericana para la Investigación y el Desarrollo Educativo. Publicación # 10 Enero – Junio 2013. Recuperado de: http://ride.org.mx/1-11/index.php/RIDESECUNDARIO/article/viewFile/388/380
Munné, F. (2000). Teorías del Caos: Ámbitos de Aplicación en Psicología Social. En D. Caballero, M.T. Méndez, y J. Pastor, La mirada psicosociológica. Grupos, procesos, lenguajes y culturas. Madrid: Biblioteca Nueva.

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