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Reflexiones en torno a publicación de la PCM y la ONDS sobre los conflictos sociales

Tengo sobre mi escritorio, un libro sobre “Resistencias Comunitarias a la Minería”, Conflictos Mineros en los Andes del Perú, otro titulado “Paz, Conflicto Armado y Resistencia” y la publicación de la Presidencia de Consejo de Ministros, PCM: “Willaqniki, Informe de Diferencias, Controversias y Conflictos Sociales” y, se me ocurre que tal vez estos tres documentos estén relacionados.  Sus temáticas se deben cruzar en algún punto porque son estudios y descripciones de ámbitos donde ocurren conflictos sociales que son abordados de distintas formas.   Por ejemplo, un conflicto social latente que se vuelve crónico, entre otras razones, por un inapropiado enfoque en su mirada se torna activo y escala en una resistencia armada, que luego se degrada en violencia nacional.  Con lo anterior, quiero llamar la atención sobre la vulnerabilidad de los conflictos en sí. Y agradecer los esfuerzos de entidades capaces de enfrentar estos temas con seriedad, siendo esta una tarea de análisis con demasiadas aristas y coyunturas que siempre nos va a dejar preguntas por resolver.

El aviso, Willaqniki, es por supuesto una muy buena iniciativa y constituye una nueva ventana por donde entra aire fresco con buenas ideas y las mejores intenciones por entender los conflictos ya no   como un problema a eliminar, sino como una oportunidad, como lo dice la publicación.  Tal vez,  una oportunidad para transformar una situación de asimetría o injusticia en algo constructivo. 

Leyendo la publicación de la PCM, me queda la impresión que se admiten los conflictos que han llegado a un acuerdo, como conflictos resueltos.  Se hace necesario mencionar que los conflictos, casi nunca, estarán resueltos definitivamente.  En el mejor de los casos, un conflicto, luego de un acertado tratamiento, por medio de estrategias y herramientas como el diálogo, producirá una nueva situación y las partes se sostendrán en una nueva posición, en un nuevo engranaje que las constituya en un sistema  que funciona.    Sin embargo, en general, los acuerdos no son mágicos para resolver conflictos, y a pesar de estos, el conflicto continua pero en otra escala y con otras manifestaciones.  Generalmente, los conflictos sociales, y más los conflictos mineros y los de origen hídrico, obedecen a la conjunción de dos tipos de paradigmas donde el desarrollo es entendido de forma diametralmente distinta. Las diferentes culturas que se encuentran alrededor de una actividad económica que provoca impactos, son dinámicas y las tensiones seguirán existiendo a pesar de los acuerdos.  Además, los pilares que sostienen estos paradigmas se pueden ver afectados pero nunca anulados por un acuerdo, lo que conlleva siempre a la necesidad imperiosa de  revisar los acuerdos constantemente para su actualización y como manera de prevenir a la vez que se vigilan las acciones a cumplir.  Con lo anterior, no quiero presentar una mirada desprovista de confianza, sino subrayar la necesidad de acometer con tenacidad e inteligencia las estrategias enunciadas en el documento de la Oficina Nacional de Diálogo y Sostenibilidad-ONDS, pues por experiencia se sabe que un conflicto social puede convertirse en una bola de nieve que se lleve por delante instituciones y ciudadanos.

En la publicación se menciona: “La solución dialogada de los conflictos, como proceso institucionalizado, permite apostar por una oportuna gestión de los mismos, complementando el análisis cuantitativo con una visión más integral enfocada en el avance de los procesos”. La anterior es una frase comprometedora, es decir, insta al Estado a cumplir una tarea ardua si se va a cumplir a cabalidad este enunciado.  Si estudiamos cada una de las palabras en esta declaración, estamos ante la promesa de un análisis grueso, como por ejemplo la calidad del diálogo, la visión integral, una oportuna gestión…entre otros componentes.  La visión integral es un ejercicio de lo más complejo en el campo del análisis de los conflictos.  No es fácil llegar a consensos cuando generalmente lo que se hace es sobreponer una realidad sobre la otra y esperar a que el sistema funcione. Si los proyectos que se plantean tuviesen de verdad una visión integral caerían en cuenta que, entender los sistemas de valoración, por ejemplo, de los recursos naturales de otras culturas es algo clave para plantear cualquier tipo de acercamiento inicial.  Como en los conflictos de origen hídrico, no se trata muchas veces de ofrecer la cantidad necesaria de agua de riego y de consumo a un pueblo, como resolución de un conflicto, se trata de entender el otro paradigma donde este pueblo ha nacido y se ha desarrollado.

La publicación le da un gran peso dentro de su propuesta y análisis a la prevención de los conflictos y este lo considero otro reto inmenso, ya que esto también implica una mirada a los conflictos, no solo atenta y ágil sino la capacidad de proponer esquemas nuevos y arriesgados de inclusión. La prevención de los conflictos viene desde el mismo planteamiento de los proyectos a acometer en diferentes regiones del país. 

Por ultimo, me queda una pregunta, ¿resolver los conflictos para qué o para quién? Para el desarrollo, ¿de quién? ¿Entienden todas las partes involucradas en los conflictos, el mismo significado de lo que es el desarrollo? En algunas culturas esa palabra no existe.  Gran reto, para el gobierno y el Estado peruano moverse asertivamente en medio de la presión que significa el desarrollo y los conflictos que vienen de la mano del mismo.  

Publicaciones como esta, sin embargo, ayudan a difundir la importancia y seriedad que se le está dando a este tema e invita  a discusiones amplias siempre dentro de un marco constructivo.