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Una mirada a las complejas relaciones entre comunidad y minería.

Reseña del ensayo “El caso de Rancas: Paradigmas de relaciones minería-comunidades y modelo de desarrollo” .

Raúl Chacón saca provecho de su doble condición, de periodista y sociólogo para acercarse a una realidad compleja y dar testimonio de ella, alejándose de las lecturas  maniqueas alrededor de las relaciones entre minería y comunidades. De hecho, últimamente las ciencias sociales en el Perú, han ido afinando su mirada y análisis sobre este nuevo “objeto de estudio”, que se ha constituido en tal, fundamentalmente a raíz de la proliferación de los  conflictos socio ambientales en el Perú, que según datos últimos (octubre) de la Defensoría del Pueblo, siguen siendo la mayoría (47%) del total que esta institución registra a nivel nacional.

 
El caso sobre el cual el autor centra su análisis es  el de la emblemática comunidad campesina de San Antonio de Rancas y su actual relación con la empresa minera Volcán, que se instaló en el lugar, en el que operó la Cerro de Pasco Copper Corporation. La primera constatación es que un importante número de pobladores a la comunidad trabaja para la empresa minera Volcan, lo que signa la relación entre estos dos actores marcándola con el signo de la ambivalencia. Chacón lo plantea en los siguientes términos “la vida económica y social de la comunidad no se podría explicar hoy en día sin la minería, y muchos pobladores verían como una catástrofe su desaparición. Lo cual los lleva a pensar que hoy sin minería no puede haber desarrollo en su antigua comunidad, dejando en un muy segundo lugar todo un potencial agroganadero que les permitió subsistir durante siglos”.
 
La hipótesis que sostiene es que  al adoptar un paradigma de relaciones comunitarias de cooperación-integración, la minería ha modificado fuertemente la organización socioeconómica y cultural de la comunidad de Rancas, generando un boom económico a la par que una reestructuración de las relaciones comunales. A partir de dicha hipótesis, las preguntas que guían su reflexión son ¿Qué factores explican esta gran transformación económica y mental en la comunidad campesina de Rancas, que pasó de tener una relación marcada por un antagonismo histórico con la minería local a una relación básicamente de complementariedad que linda con la dependencia?; ¿Cuáles fueron los impactos de esa gran transformación en la comunidad de Rancas?; ¿Cómo perciben los pobladores de la comunidad su relación pasada y actual con la minería, por un lado, y con la ganadería y la agricultura, por el otro?, y ¿A qué visiones de desarrollo local les llevan esas percepciones?. 
 
Los paradigmas en juego son el de la cooperación-integración que postula que las comunidades y las empresas mineras deben integrarse y cooperar entre sí para obtener ambos actores beneficios nada despreciables. El paradigma de conflicto-exclusión,  plantea que la relación que la minería y las comunidades locales mantienen en relación a los temas ambientales y sociales está determinada por el conflicto, el mismo que es producido por la interacción del hombre con su ambiente y los ocasionados por las decisiones que toman los diferentes actores en torno al ambiente.  Dos elementos clave detrás de estos conflictos son, por el lado objetivo, las asimetrías, o condiciones de gran desigualdad entre las partes en conflicto, y, por el lado subjetivo, las percepciones y conceptos (o modelos mentales), con los cuales los actores interpretan su realidad.
 
A simple vista, en el caso de Rancas, podría decirse que el paradigma de relaciones comunitarias del conflicto-exclusión implica una vía hacia el desarrollo basada principalmente en la actividad ganadera y agrícola de subsistencia, y que el otro paradigma conlleva un camino que privilegia los servicios brindados a la gran y mediana minería, descuidado las otras actividades económicas. Sin embargo, el análisis demuestra que “las relaciones comunitarias, pese a acercarse por momentos más a uno u otro de los dos modelos ideales, no son rígidas, sino dinámicas y entremezcladas. Lo cual siempre va acompañado por distintos niveles y formas de conflictividad minería-comunidades, pese a las formas de cooperación-integración”. 
 
Luego de un detallado recorrido por la historia de la relación entre la actividad minera y la comunidad el autor nos muestra como la experiencia ranqueña demuestra claramente que los paradigmas de las relaciones comunitarias de la cooperación-integración y del conflicto-exclusión, no sólo alternan entre sí en una misma localidad, pasando de la predominancia del uno al otro, sino que también conviven en un mismo espacio y tiempo, configurando una relación ambivalente de la comunidad con la minería. En efecto, hay diversas variables sociales que explican estas distintas combinaciones entre los paradigmas relacionales a nivel local, como edad, ocupación, nivel cultural y nivel de identificación con la tradición local. En el caso de Rancas, esta última parece ser la más relevante para configurar el tipo ideal del paradigma conflicto-exclusión, y la variable ocupación es la más relevante para configurar el paradigma de la cooperación-integración.  
 
En un escenario de esa naturaleza sólo una comunidad con autoridades locales unidas, respaldadas por sus bases sociales y bien asesorada, puede ser capaz de remontar un conflicto socioambiental, pese a las asimetrías inevitables, que el Estado peruano central, de por sí, no está muy motivado ni preparado para nivelar. Ello pese a ser debidamente informado por los afectados directos, sucesiva y directamente.  En suma, aporte importante de Raúl Chacón, que suma su reflexión a las que entienden las relaciones entre minería y comunidad atendiendo a la complejidad que le subyacen, lecturas que van más allá de ver en cada conflicto oscuras conspiraciones o simplemente el afán avasallador del gran capital. 
 
Fuente:  Sociológica. Revista del Colegio de Sociólogos. Año 1 No.1. Lima, agosto 2009.
            Socialismo y Participación No. 107. Cedep. Lima, octubre 2009.